Fue criada entre la playa y el pastizal, y así desarrolló un profundo amor por la naturaleza, que la invita a detenerse en la belleza de cada detalle. Esa calma le enseñó a hacer las cosas que hoy más la ayudan en su trabajo: observar donde parece no haber nada, escuchar en el silencio, disfrutar la soledad y encontrar en su imaginación y creatividad a dos grandes compañeras. Pero sucedió que, entre la naturaleza y el silencio, las ideas empezaron a llover en su pensamiento, todas juntas y atropellándose entre sí. Entonces, tuvo que empezar a escribirlas y dibujarlas en un papel para que no se le hiciera una maraña de palabras y bosquejos en el cerebro. Hoy trabaja (lenta y minuciosamente) en diferentes proyectos literarios y artísticos de forma paralela.